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Linux es un concepto extremadamente abierto, que abarca desde las distribuciones pensadas para la gente que no quiere complicarse la vida, como Ubuntu o Mint a las que precisamente buscan a la gente que necesita complicarse la vida para ser feliz, como Arch o en menor medida, Debian.

La popularidad de todas estas distribuciones muestran que hay hueco para todo, para la gente que quiere que todo funcione según lo instales y para los que quieren mancharse las manos editando 200 archivos de configuración.

A mi me gusta trastear, andar siempre configurando cosas, instalando tal o cual y arreglando las cosas que voy rompiendo por tocar donde no debo. Hay quien lo considerará una pérdida de tiempo, pero hay pocas formas menores que aprender que arreglar algo que tu mismo has estropeado.

Dejando de lado la introducción, en el último particionado de mi disco duro, dejé un pequeño hueco-desastre, una partición de pruebas. Y durante un par de días he estado probando una distro bastante joven pero que está haciéndose un hueco entre la gente que quiere un sistema operativo que sea totalmente funcional recien instalado, Mageia.

Mageia surge en 2010 como un fork de Mandriva Linux, y la que he probado es la última versión estable a día de hoy, Mageia 2, lanzada en Mayo de 2012. Se espera una tercera version estable pronto, pero puesto que es una distribución pensada para principiantes, aguanté la tentación de bajarme una beta y tiré por el camino de los niños buenos 😛

La ISO pesa 3.4GB, personalmente creo que hoy en día una netinstall es más práctica, es mucho más ligera y instalas a posteriori los componentes actualizados directamente. Pero bueno, la ISO incluye la mayor parte de los programas de uso corriente y es usable desde que lo instalas.

El proceso de instalación es gráfico y simple. En mucha gente sigue estando grabada la historia de que instalar Linux es una cosa horrorousa, pero desde hace años, las distros lo ponen a huevo, respetando la partición de Windows, automatizando la configuración de GRUB… (ejem)

El ejem viene a que el instalador decidió que sólo había hueco para un Linux y se cargó las entradas de Debian de mi GRUB. Pero respetó la de Windows. Nada que no se pueda arreglar con una live.

Una vez arreglado el cacao de GRUB (cuántas veces habré reinstalado GRUB a lo largo de los años?) arranca Mageia. Opté por la versión KDE, porque parecía ser la más “recomendada” en la web de Mageia. Además creo que no tocaba KDE desde que me vino con la Computer Hoy una live de Knoppix (hará 10 años xD) y tenía ganas de ver como había evolucionado.

Una imagen de splash simple y sin lineas de terminal pasando por la pantalla. Prefiero las letritas xD

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El tiempo de carga es bastante reducido, más lento que mi Debian con Openbox, pero más rápido que Mint con MATE, por ejemplo. A primera vista es bonito, pero recargado para mi gusto. Estéticamente parece intentar quedarse en algún punto entre W7 y MacOs X, con mucho eye-candy, transparencias, bordes redondeados, degradados por doquier, previsualización de las ventanas minimizadas.

El lanzador de aplicaciones es más típico Linux, con los apartados Internet, Oficina, Gráficos, Herramientas…, una sección de programas usados recientemente, un lanzador de comandos y el botón de apagado. Dicho lanzador de comandos es accesible también desde Alt+F2, como en Debian y Ubuntu.

Tras todo el proceso de actualización (que con tantas aplicaciones incluidas no fue precisamente corto), echo un ojo a la selección de software incluido: Libreoffice, GIMP, Firefox, Filezilla, Ekiga, Totem, aparte de todos los componentes típicos de KDE (Konqueror, Kwrite, Konsole, Amarok, Dolphin, Kdenlive, Okular, Kmail, Konversation, Kakadekulo…). Para un uso normal, bastante completo.

Como es habitual en muchas distribuciones de Linux, si queremos disponer de software privativo, hay que habilitar los repositorios nonfree (En “Configure su computador” -> “Configurar fuentes de medios”)

En principio, Mageia funciona bien, de forma fluida y ciertamente no necesita gran configuración para que todo funcione bien. El sistema detectó sin problemas el wifi, el bluetooth, la pantalla táctil… sin dar guerra.

Para personalizar la interfaz, disponemos de todos widget, temas y componentes existentes para KDE, que no son pocos. Y si no te parece poco eye-candy, la instalación de Compiz es automática dentro del Panel de Control en Configurar efectos de escritorio 3D.

El principal punto negro de Mageia es Dolphin (el gestor de archivos) y su integración en KDE Plasma. Supongo que será un problema puntual en mi instalación, pero es exasperantemente lento. Tarda en abrirse, tarda en moverse entre carpetas, tarda en copiar, mover, borrar archivos… y en algunos casos me ha llegado a colgar KDE Plasma (el entorno de escritorio)

Otro punto oscuro desde mi punto de vista es que KDE es demasiado pasteloso para mi. Una vez desactivados efectos como la previsualización de ventanas o las transparencias me resulta más usable, pero aun asi me empalaga un poco. Sin embargo demuestra que los que tachan a Linux de feo no ven una distro desde que Richard Stallman se dejó barba y pelo largo.

En principio, Mageia me parece una opción interesante para los alérgicos a la consola de terminal que quieran acercarse a Linux. Tendría que probar que tal está resuelta está la versión Gnome, o ver que tal le queda Openbox (sí, soy fan de Openbox :P) pero me parece que me va a dar pereza.

No tardaré en ocupar la partición desastre con otra cosa…

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