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Aunque la temática de este blog tira fundamentalmente hacia lo digital, hay cosas en la que lo analógico es muy dificil de superar. En el mundo de la música, tras el reinado del CD y su declive en favor de los formatos digitales como el MP3 o el AAC, se está produciendo un curioso fenómeno, el retorno de lo analógico de la mano del sempiterno vinilo. Sólo hay que fijarse en sitios como Amazon para observar que mientras el interés en los CD disminuye cada vez más, el vinilo resurge cual ave fénix de sus cenizas, con argumentos como su carácter analógico que le da un toque especial y agradablemente imperfecto a su sonido o cuestiones algo más triviales como la belleza de una carátula mucho más grande.

Sin embargo, no vengo a hablar de los vinilos. No es ningún secreto que me encantan, pero hoy le toca el turno al que siempre fue su hermano rebelde y pobre, que hoy languidece en los aparatos de sonido de coches viejos. Como no puede ser de otra forma, estoy hablando de la cinta de cassette.

La cinta de cassette nació en los 60, pensada como soporte de grabación para dictado dada su poca calidad de sonido inicial. Su evolución hizo que poco a poco se fuera abriendo camino en el mundo de la música gracias a una serie de ventajas frente al vinilo, rey indiscutible de la época. El cassette era mucho más pequeño, tenía un formato mucho más práctico, era más resistente y mucho menos sensible al movimiento durante su reproducción. Esto hizo que se extendiera como la espuma en productos como radiocassettes y coches, donde el traqueteo hacía muy poco recomendable el uso del vinilo, y posibilitó la aparición del Walkman que cambió radicalmente el concepto de escuchar música.

Pero pese a todo esto, la razón de su alta popularidad es obvia, su facilidad de grabación. Desde el principio, la cinta de cassette estaba pensada para ser grabada por el usuario en dictáfonos, por lo que no suponía ningún problema que los reproductores de cassette pudieran también grabarlas. Desde las copias de cinta a cinta con las míticas pletinas de doble cinta, hasta el copiado en cintas de vinilos (y posteriormente CD) pasando por las grabaciones de canciones de la radio estandarizaron el uso de la cinta de cassette. Y como actualmente con los formatos digitales, la facilidad de grabación y copia tuvo su contrapartida creativa, permitió que muchos pequeños grupos grabaran y distribuyeran sus maquetas sin pasar por el filtro de la industria discográfica.

cinta y walkman

A nivel de sonido la cinta de cassette, como todo soporte, tiene sus cositas. Una buena cinta tipo II o tipo IV, bien grabada, en un buen reproductor suena muy bien y aguanta lo que la eches sin renquear. Aun asi, el cassette le da un carácter peculiar al sonido, con un sonido algo falto de graves (y con el el boom de los sistemas de refuerzo de graves en los 80 y 90), con una compresión natural agradable y un silbido en agudos dificil de eliminar sin cargarse todos los matices del sonido.

 Pero el cassette siempre fue el hermano pobre… y generalmente las cintas eran del tipo I, más económicas, y eran populares las versiones de 90 y 120 minutos, que daban más problemas al ser la propia cinta más fina y delicada. Esos problemas podían acabar provocando que la pletina se comiera la cinta, pero tambien daban otro de los puntos que dan personalidad al sonido de un cassette, lo que los guiris llaman wow and flutter, una especie de vibrato provocado por anomalías en la velocidad de desplazamiento de la cinta, que provocan oscilaciones en la velocidad de reproducción y en el tono del sonido. No es dificil de notar como las voces tienen un pequeño tono gangoso o como ciertas notas mantenidas oscilan de forma extraña, dando una cierta sensación de inestabilidad en el sonido.

No dejan de ser fallos del soporte, pero que le dan alma al sonido, igual que los clicks y pop de un vinilo, que pese a que pueden llegar a ser molestos… sin ellos no es lo mismo.

Parece poco probable que el cassette resurja como el vinilo ya que sus ventajas están más que superadas y nunca tuvo el glamour de los LP, pero escuchando en el coche una desastrada cinta TDK con el Tubular Bells sentía que aunque fuera en forma de pequeño artículo en el blog, la cinta de cassette se merecía un pequeño homenaje.

P.D. Esta entrada, que previsiblemente será poco popular, es la primera desde que este humilde blog ha pasado de las 1000 visitas. Muchas gracias a todos los visitantes por leer los desvaríos de este pobre loco 😉

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